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El estigma del armamento nuclear

Escrito por Teresa de Fortuny y Xavier Bohigas el . Publicado en Articles

Teresa de Fortuny i Xavier Bohigas - El Peiódico - 19/09/2017

Mañana se abre el período de firmas del Tratado de Prohibición de Armas Nucleares aprobado el pasado 7 de julio por la Asamblea General de las Naciones Unidas. Entrará en vigor 90 días después de que lo hayan ratificado 50 países. Y el jueves es el Día Internacional por la Paz, una ocasión excelente para celebrarlo.

Los estados que, el 7 de julio, aprobaron el texto del tratado representan dos tercios de la Asamblea General (122 votos). Hubo una abstención (Singapur) y un voto en contra (Países Bajos).

Un rechazo no uniforme

Los nueve estados nuclearmente armados, los estados miembros de la OTAN (con la excepción de Holanda) y los países con acuerdos de protección nuclear con EEUU ni siquiera asistieron a la votación del tratado. España, por lo tanto, no asistió. En cambio, Irán (un país tan señalado como peligro nuclear) votó a favor.

En los últimos años se habían intensificado las campañas internacionales de la sociedad civil a favor de un tratado de prohibición de las armas nucleares. También la Asamblea General de la ONU, de forma reiterada, había pedido su prohibición. La actitud de rechazo a las negociaciones de este tratado por parte de los nueve estados poseedores de armas nucleares no ha sido uniforme: cuando, en octubre del 2016, se presentó a la ONU la propuesta para iniciar las negociaciones de un tratado de prohibición de armas nucleares, EEUU, Gran Bretaña, Francia e Israel votaron en contra, mientras que China, la India y Pakistán se abstuvieron y Corea del Norte votó a favor.

El 90%, en manos de EEUU y Rusia

El texto del tratado dice, muy sucintamente, que los estados firmantes se comprometen no solo a no desarrollar, poseer, almacenar o usar armas nucleares, sino también a desactivarlas inmediatamente y a destruirlas lo antes posible de forma verificable. Para todo ello se marcan unos plazos.

Actualmente el arsenal nuclear mundial es de, prácticamente, 15.000 cabezas nucleares, de las cuales más del 90% están en manos de EEUU y Rusia. De este total, más de 4.000 se pueden utilizar de forma inmediata. De estas últimas, unas cuantas están en submarinos (de Rusia, EEUU, el Reino Unido y Francia) equipados con misiles con cabezas nucleares que están patrullando permanentemente a lo largo de todo el mundo.

Programa de un billón de dólares

En mayor o menor grado, los estados nucleares están llevando a cabo programas de modernización y mejora de su arsenal nuclear. Estos programas incluyen la renovación de las cabezas nucleares, de los misiles de transporte, de los submarinos, de las plataformas de lanzamiento y de los aviones. El caso más extremo es el de EEUU, donde el año 2010 (en época de la Administración de Obama) se aprobó un programa de modernización con un presupuesto de un billón de dólares (un millón de millones) para un período de 30 años. A primeros del 2017 este presupuesto se revisó y se incrementó en un 15%.

La mera existencia de las armas nucleares ya es un peligro en sí. A pesar del secretismo que rodea al armamento nuclear, se ha llegado a saber que se ha producido un elevado número de accidentes vinculados a este tipo de arma, algunos de ellos muy graves. Algunos ejemplos: aviones y submarinos cargados con cabezas nucleares que se han hundido en el mar y no se han encontrado nunca más; aviones con armas nucleares que se han estrellado en el suelo y se incendiaron; camiones que han volcado cuando transportaban cabezas nucleares, etcétera. Un caso que nos resulta muy cercano es el del accidente de Palomares (Almería), en el que cayeron desde un avión cuatro bombas termonucleares (dos en el suelo y dos en el mar, todas ellas recuperadas). En muchos de estos accidentes ha habido contaminación radiactiva.

Corea del Norte, un peligro sobredimensionado

Además de los accidentes, otro peligro asociado a las armas nucleares es el de su custodia. Solo un par de datos: en el periodo 1975-1990 el Pentágono apartó de forma definitiva de sus tareas nucleares a decenas de miles de militares debido al abuso de drogas y alcohol. Una auditoría del 2014 del Departamento de Energía de EEUU concluía que décadas de supervisión poco rigurosa y seguridad deficiente podrían afectar negativamente a la fiabilidad y seguridad de las armas nucleares del país. A todo esto hay que añadir errores de detección de supuestos ataques que podrían haber desembocado en respuestas nucleares.

Todos estos riesgos se han silenciado sistemáticamente. Por el contrario, otros peligros se han sobredimensionado. Fue el caso de Irán y ahora lo es el de Corea del Norte. Con respecto a este último país, se magnifica su capacidad nuclear, porque, por un lado, muchos expertos opinan que no dispone de la tecnología de miniaturización de una cabeza nuclear que permita acomodarla en un misil, y por otro lado, estiman que tiene el material suficiente para fabricar entre diez y veinte bombas nucleares (lo que no quiere decir que las tenga). Un panorama muy diferente de lo que hemos mencionado más arriba sobre el arsenal nuclear de otros países.

Daños enormes con solo usar el 1%

Varios estudios recientes han calculado que la explosión de menos del 1% del arsenal nuclear mundial causaría tal cantidad de hollín y humo que afectaría al clima de todo el mundo. La temperatura y pluviosidad medias del planeta se alterarían de tal forma que provocarían una disminución muy importante de las cosechas en varias regiones. Se ha estimado que estos cambios podrían llevar a la hambruna a 2.000 millones de personas.

Los riesgos y peligros que hemos mencionado hacían absolutamente necesario un tratado de prohibición y eliminación de las armas nucleares. De hecho, eran las únicas armas de destrucción masiva que no tenían un tratado internacional de prohibición. Los estados que se oponen al tratado aprobado en julio alegan que ya existen mecanismos de limitación de armamento nuclear como el Tratado de no Proliferación Nuclear (TNP). Sin embargo, el TNP no se ha demostrado demasiado eficaz, ya que se aprobó en 1968 (en ese momento había cinco estados nuclearmente armados) y desde entonces el número de estados con armas nucleares ha aumentado (hoy hay nueve). Además, algunas iniciativas de desarme presentadas en el marco del TNP han sido boicoteadas por ciertos estados nucleares.

Presión moral y política

Cabe esperar que los estados que aprobaron el tratado en julio lo firmen pronto. Así podrá entrar en vigor. Desgraciadamente, parece bastante claro que, por ahora, los estados nucleares no lo firmarán y que, por tanto, no dejarán de fabricar armas ni se desarmarán. También es muy previsible que no lo firmen los miembros de la OTAN. Sin embargo, el tratado reforzará el estigma contra el armamento nuclear y creará un estado de opinión y una presión moral y política sobre los estados no dispuestos a adherirse a él. De forma análoga a lo ocurrido con las minas antipersona, las bombas de racimo, las armas biológicas y las armas químicas.

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